jueves, 24 de noviembre de 2011

25 de noviembre, día de las preguntas

Nicolás en la biblioteca, foto de Nicolás Buenaventura Vidal
Puede que las preguntas no hayan nacido con Nicolás, pero sí se alegraron mucho ese día, ese 25 de noviembre de 1918.

No nacieron con él, está bien, pero casi, encontraron en él las palabras para saltar al mundo, para sembrarse en otros, para nacer una y otra vez en sus estudiantes, en sus hijos (que somos muchos, incontables: sobrinos, hermanos, hermanos de hermanos, descendientes), en sus secretarios (que somos muchos, los que tuvimos el privilegio de transcribir sus textos y comentarlos), en trabajadores, maestros, compañeros de luchas, vecinos, amigos.

Y, así, tal vez no nacieron con él, no, pero más que eso, volvieron a nacer una y otra vez cada que Nicolás hacía una clase, daba una charla, se acercaba a la biblioteca y la rehacía (ese acto de reunir unos libros con otros, sacar uno, tomar otro, ampliar la colección, regalarla, verla crecer y dispersarla), cada que Nicolás escribía.

El maestro tenía una sola forma de enseñar: preguntando. No tenía verdades, no tenía nunca una imposición, una declaración soberana e irrefutable. Tenía preguntas. Y con sus preguntas nacía nuestra inteligencia, las de todos los que lo rodeamos.

Vuelvo a leer los textos que transcribí hace 10, hace 15 años, ahí están esas preguntas que discutimos una y otra vez, ahí están esas ideas brillantes que creí por tanto tiempo mías propias, hijas de un monólogo, y me doy cuenta de que son hijas del diálogo.

Entonces, por sus textos, por sus preguntas que no tenían respuesta ("¿Dios está por fuera o por dentro del universo?") y que cada vez es necesario volver a hacerlas, es que podemos seguir este diálogo.

Unos días antes de morir le hice una pregunta, la penúltima, recuerdo bien, yo estaba afanada, de verdad necesitaba respuesta, estaba intentando crear algo que aún no entendía qué era, y le pregunté: -Nico, ¿qué es el arte? Por supuesto, nunca habría de contestarme una verdad, menos una opinión, a una pregunta:

- De todas maneras María, eso del arte conceptual es muy bello, muy bello, porque no es más que convertir los conceptos en cuentos.